domingo, 19 de octubre de 2014

ESTAS EN BABIA

LA GACETA DE salamanca.es

Un domingo en Babia

19.10.2014 | 04:45
Román Álvarez
Román Álvarez
 Babia es mucho más que una mera referencia mítica o geográfica. Es una realidad plena de vida, de naturaleza que embelesa, de paisajes que arroban en pleno verano con el verdor de sus pastos esmeralda, de aguas claras y transparentes en ríos que de cuando en cuando amodorran su curso en diques improvisados para el riego de prados y campares. Ríos como el Torrestío, llamado después Luna, ensalzado por Richard Ford, viajero inglés del siglo XIX, como "el mejor de todos estos ríos trucheros". Arroyos que braman contra las piedras en crecidas y deshielos primaverales, mientras que en verano danzan airosos entre peñascos o saltan en cantarinas cascadas hacia los amenos valles. Arroyuelos que cabrillean en diminutas cárcavas y regueros, huroneando las fértiles tierras de las vegas babianas y luniegas. Entre ambas demarcaciones „Babia y Luna„ la ermita de Pruneda, encaramada en una pequeña loma, amojona los linderos entre una y otra.
En invierno sobrecogen las alburas de la montaña difuminando peñascos y pastizales, nivelando las leves ondulaciones de los valles. Allá arriba se atisban recuestos, laderas, brañas y majadas donde los pastores apacientan sus rebaños bajo el cobijo señorial de las majestuosas Ubiñas. En los puertos pacen miles de merinas acompañadas del tintineo de esquilas y cencerros. Antes trashumaban por cañadas, cordeles y veredas hacia la Extremadura lejana ("los pastores vanse, vanse / las babianas choran, choran?", decía el cantar popular). Aún se conservan reliquias de esas migraciones anuales: chozos, roperías, restos de corrales donde los rabadanes arredilaban sus rebaños para sestear o hacer noche. Y testimonios vivientes que se resisten a abandonar este viejo oficio: mastines y careas, auxiliares imprescindibles en el pastoreo.
Lea el artículo completo en la edición impresa de LA GACETA

martes, 14 de octubre de 2014

2ª EDICICIÓN DE LA MARCHA VAQUERA

DL -
14/10/2014 Diario de León
La segunda edición de la Marcha Vaquera se cerró ayer al llegar la columna de caminantes y jinetes a Las Regueras tras haber salido el sábado de Torrestío, en el municipio de San Emiliano, para alcanzar Bárzana, ya en el Principado de Asturias. El objetivo de la marcha es rendir homenaje a los vaqueros de alzada, con la recuperación de su figura. Entre los caminantes destacaba la presencia de Octavio Álvarez (foto de la derecha), de Pinos, que cubrió las tres etapas en madreñas, calzado que utiliza desde niño y con el que asciende a las cumbres. | d